NAUSSBAUM Y LA EQUIDAD DE GÉNERO
La violencia, el género y su importancia en el desarrollo de una sociedad democrática
La
violencia en cualquiera de sus manifestaciones es una vulneración de derechos y garantías constitucionales, por el límite
abrupto que se les da a su goce y a las consecuencias que logran ejercer en
términos individuales o colectivos. Es por ello que, también se presenta como
un detrimento a los principios democráticos, a la búsqueda de una sociedad con
sus cualidades y a la formación esencial de valores que pretendan propagar el
sentir social que se necesita para acabar con los ciclos de violencia,
principalmente en nuestras sociedades que tienen diversos antecedentes que
hasta la fecha son propagados en las familias y en grupos sociales, cuya
mentalidad no permiten el ejercicio de la sociedad que se pretende.
Dentro
de una sociedad democrática se introducen en el tejido social, político y
económico el alcance de la igualdad de condiciones, lo que se puede evidenciar
que los ideales democráticos de inclusión, rendición de cuentas y transparencia
no se pueden lograr sin leyes, políticas, medidas y prácticas que atajen las
desigualdades ni en demostraciones sistemáticas de violencia, al decirse que la
igualdad de género debe tratarse como una meta en la construcción de la
democracia y no como un añadido, así como la disminución de todo tipo de
violencias: desde la violencia armada hasta aquella que se dan en los contextos
más pequeños de la sociedad, pero que tienen un valor significativo en la
construcción o atraso en la construcción de una sociedad democrática.
Lo
anterior se ve enmarcado en los objetivos de la democracia: la búsqueda de la
igualdad en la sociedad, su garantía y materialización, que comienza desde la
legitimidad de la ley que la cubre como principio y derecho hasta las
manifestaciones sociales y/o políticas que conciban su desarrollo. En ese
sentido, en principio el límite estaría en el desarrollo de la igualdad y en
muchos casos en la libertad que no permite la interrupción de derechos
inherentes a la personalidad. Por ello, la democracia no debe ser vista tan
solo como un concepto de representación política sino de un sistema de
principios que permiten cumplir el verdadero objetivo de las sociedades y su
construcción, principalmente en esta que tiene consigo la inmersión de una
constitución garantista de derechos que son opacados por las organizaciones
sociales aun persistentes.
Las
nociones de igualdad en este caso no llevan a simplemente considerar que se
opten por condiciones mínimas en el mismo grado sin discriminación por
cualidades de género sino que ello también hace un cambio en la cultura
democrática más allá de su aspecto teórico más que claro en las normas,
políticas e ideas y se da en un ámbito práctico que normaliza el ejercicio de
las libertades responsables sin tener en la sociedad roles que supongan una
dominación o subordinación que también se expande a condiciones económicas con
los roles de poder en la economía, las clases sociales con las que actualmente
se ejercen distintos tipos de violencias con unas mismas conductas de acuerdo
al rol en el que alguien se encuentre.
Te invitamos a ver el siguiente vídeo:
Dicho
cambio cultural no deja de tener protagonismo en la las políticas legislativas,
debido a que todavía existen ambigüedades que no permiten el ejercicio libre de
los derechos en una situación de discriminación y algunas políticas son las que
han podido disipar ciertas situaciones, por tener un enfoque de género que
pretende disminuir las violencias que se crean con el imaginario actual, lo que
lleva al problema más actualizado y quizá más real en todo el asunto, pues, el
cambio necesario es precisamente cultural y mientras se contengan aun las
nociones de género como se han conocido históricamente, que todavía tienen
cabida en familias, lo que es proyectado en la sociedad no permite el verdadero
desarrollo que ciertamente las políticas no pueden lograr por no meterse en la
individualidad del pensamiento.
A continuación encontras un video de empoderamiento y liderazgo de niñas adolecentes:
Siguiendo
con ello, es sabido que la familia es la institución base de la sociedad y los
primeros valores aprendidos más allá de la ética inherente son precisamente en
el contexto en que la familia se desarrolle, en muchos casos se da el
desarrollo en medio de familias disfuncionales que todavía tienen inmersos los
roles de género como algo indispensable en su vivir, que quizá se dan sin darse
cuenta y ello lleva a que los descendientes se críen con la misma noción que
aquellos ya supuestamente formados han tenido toda su vida, creando una
situación de cadenas en las familias que a veces ni siquiera la transformación
social externa puede romper a menos que los valores comunes cambien.
En
algunos casos dicha cadena se rompe con la amplitud educacional de los niños,
adolescentes y jóvenes en las sociedades que protagonizan la educación, a las
que ellos mismos logran tener acceso y a la formación individual crítica que
logran tener en su desarrollo, sin embargo, no es algo general y mucho menos
brinda seguridad alguna por existir un arraigo conceptual con la crianza, que
solo en mínimos casos logra desarrollarse con éxito a través de la curiosidad
que amplia la mentalidad de los infantes y se empiezan a ver los primeros
indicios de ruptura de la cadena antes mencionada, así como la oportunidad de
ver en las nuevas generaciones la formación de una sociedad cambiada
culturalmente.
En
síntesis, la importancia del estudio de la violencia radica en la necesidad de
conocer sus causas para evitar su propagación, así como es sabido que es un
límite a la democracia, siendo manifestada en cualquiera de sus formas. Así, en
el terreno de las mentalidades sociales está el verdadero problema que
obstaculiza la construcción de una sociedad democrática, que también se vale de
políticas para legitimizar su concepto, pero solo desde la obstrucción de las
barreras que aun proponen la violencia y el género –en un aspecto negativo– se
puede conducir a una sociedad democrática que tiene sus bases en la igualdad y
en el desarrollo que se crea desde las instituciones sociales. Es decir, no se
puede avanzar en una sociedad democrática sin antes atravesar y eliminar las
barreras que componen la violencia y la falta de equidad de género por todo lo
que ello incluye.
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